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26 de enero de 2015
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LA HORA EUROPEA
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Las fronteras de la libertad de expresión

Publicado originalmente en Periodismo Global, la otra mirada.

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Je suis Charlie / Je me sens Charlie Coulibaly – Charlie Hebdo vs Dieudonné

En estos días todos hemos sido Charlie. Todos hemos mostrado identificación y solidaridad con el diario satírico. Puede que ni siquiera lo conociéramos o -como es mi caso- no nos gustara su humor. Pero Chalie Hebdo es el símbolo de la libertad de expresión mancillada, de los mártires de este principio esencial de nuestras sociedades. Una libertad de expresión ejercida a través de la sátira, de un humor corrosivo con los dogmas y tabúes.

 

Pero hay quien también en nombre de su libertad de expresión, de un supuesto desafío a las convenciones y los dogmas dice sentirse al mismo tiempo Charlie, la víctima de la libertad de expresión, y Coulibaly, el verdugo de los judios.

Es Dieudonné M’Bala M’Bala, un cómico francés (de padre camerunés y madre francesa), que de una posición crítica del racismo (su pareja cómica era un humorista judío) evolucionó hacia un antisemistismo expreso -en la elecciones al Parlamento Europeo de 2009 se presentó con una lista de extrema derecha. La “quenelle”, una especie de saludo nazi invertido, se ha convertido en seña de identidad de los jóvenes franceses de los suburbios de origen magrebí o africano. Sus espectáculos reunen a multitudes de hasta 10.000 personas y son frecuentemente prohibidos por incitación al odio racial, hasta el punto de que algunas ciudades le han declarado persona non grata. El domingo, después de describir con calificativos grandilocuentes la manifestación escribió en su Facebook sentirse como Charlie Coulibaly. La fiscalía ha abierto una investigación por apología del terrorismo y el humorista ha sido detenido para ser llevado a declarar.

Charlie y Dieudonné ridiculizan dogmas y tabúes. Pero el semanaria enlaza con la esencia de la Francia republicana (el laicismo), mientras que el cómico expresa la rabia de una sociedad fracturada comunitariamente. Ambos ejemplifican bien las fronteras de la libertad de expresión.

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París contra el odio

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“Ahora nos toca seguir luchando contra el odio todos los días”, nos dice Robert Bandinter, quien fuera histórico ministro de Justicia y principal impulsor de la supresión de la pena de muerte en Francia (en 1981). Se ha parado a hablar con mi grupo de periodistas-manifestantes, que hemos empezado juntos la jornada, hacia el mediodía, entre el Sena y la estación de Austerlitz. Le doy las gracias a Badinter por su defensa de las libertades, por haber dicho que las víctimas de Charlie Hebdo son “héroes de la libertad”.


Estamos en plena manifestación de París y Bandinter (casi 88 años) se mueve entre los familiares de esas víctimas y los supervivientes, pero tiene un momento para acercarse a la pancarta que llevamos los periodistas de varias organizaciones europeas. En ningún momento se acerca a los jefes de Estado y de gobierno, donde abundan personajes que él conoce bien. Quizá toma hoy distancia, los considera lejos, moralmente muy lejos, de esos héroes abatidos. Entre quienes lo rodeaban un momento antes, hemos visto a Laurent Léger, superviviente de la matanza que tuvo lugar hace cuatro días en la redacción de Charlie. También a Renald Luzier (Luz), superviviente y escéptico: “La carga simbólica que nos están haciendo cargar ahora sobre nuestros hombros va contra todo lo que ha significado Charlie: destruir todos los símbolos, derribar todos los tabúes, dejar tiesos los fantasmas. Está bien que la gente nos apoye, pero va contra el sentido de las caricaturas de Charlie”.


A mi lado, colegas franceses y europeos. Nos han situado entre los familiares y las víctimas, que están a tres metros por delante; y los políticos, que llegan con retraso y a quienes la seguridad sitúa detrás, a unos 25 metros. Algunos no nos importan, a otros preferimos no verlos tan cerca. No quiero acordarme de su nombre. Están lejos de personas como Badinter, que representa lo mejor de la lucha política por una humanidad más justa.  Y sigue ahí, entre las víctimas y quienes puede considerar ser sus portavoces.

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Memoria personal de Charlie Hebdo (al ritmo de Gainsbourg)

Aterricé ayer en París, según lo previsto hace semanas. El avión despegó de Madrid poco después de que recibiera el primer titular del atentado. El destino eligió la fecha del vuelo, no yo. Encontré caras muy serias en el autobús 54 que pasa por la Gare du Nord. Era la última hora de la tarde y parecía un singular crepúsculo parisino, casi sin ruidos.

Esta mañana acudí a la sede de Charlie Hebdo, tras una llamada de colegas franceses. Los diversos sindicatos de periodistas de Francia organizaban un acto, con palabras, coronas de flores y lápices en alto. Había medios de comunicación de medio mundo y unas 400 personas, que aguantaban bajo una lluvia persistente y fría.

Mis colegas Dominique Pradalié (Syndicat National de Journalistes) y Patrick Kamenka (SNJ-CGT) me pidieron que -como periodista del otro lado de los Pirineos- pronunciara unas palabras ante los reunidos. Ví gente llorando. Me subí a un pivote de la acera, que era como un gran bolardo, y pedí que espantáramos juntos el miedo. Hablé de los actos que habían tenido lugar en varias ciudades, como Madrid y Barcelona. Recordé también a los policías asesinados, muertos como los periodistas en el ejercicio de su profesión. Luego me encontré al equipo de TVE (Álvaro Goikoetxea) y a un equipo de Cuatro TV.

Durante todo el día, sin poder evitarlo, tuve en mente los rostros traviesos, un tanto maliciosos, de Charb, Honoré, Wolinski, Cabu y los demás, que me hicieron reír siempre. Recuerdo que una vez me tuve que bajar de un autobús en Madrid, en el Puente de Vallecas, porque no podía contener la risa leyendo un libro de Cavanna (“Les aventures du petit Jésus“). Los demás viajeros de aquel bus me miraban como a un loco de atar; un tipo que se reía a carcajadas sin pedir permiso, sin hablar con nadie.

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¿Son seguros los hospitales europeos?

Publicado originalmente en EuroXpress

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Una persona de cada 18 que acuda hoy a cualquiera de los hospitales de la Unión Europea, sufrirá una infección asociada a su estancia hospitalaria o algún efecto adverso como consecuencia de su tratamiento médico. Es una de las conclusiones del último estudio del Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC), que recuerda que este tipo de infecciones sigue siendo un problema de salud pública.

El último Eurobarómetro elaborado por este organismo revela que los ciudadanos también son conscientes de este riesgo, y al menos el 53% de los europeos teme que tras un ingreso hospitalario pueda sufrir algún tipo de afección. Es más, el 27% reconoce que ellos mismos, o alguien de su familia ha sufrido algún tipo de infección relacionada con su atención sanitaria. Según los cálculos del ECDC, al menos 80.000 europeos contrajeron alguna de estas enfermedades en 2013, tras pasar por alguno de los centros sanitarios y hospitalarios de la Unión.

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Aquí Europa, ¿hay alguien ahí arriba?

La tertulia de Europa en suma sobre la aventura espacial europea.

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Se cuenta en Polonia un chiste con el que se intenta  explicar por qué el país es tan creyente, tan católico. Porque con Rusia al este y Alemania al oeste, se dice, la única salida es hacia arriba, hacia las Alturas.

La Agencia Espacial Europea, conocida por sus siglas en inglés, ESA, no se ocupa de lo que sucede en las Alturas, no entra en cuestiones teológicas, sino en lo que pasa en las alturas por encima de nuestras cabezas, desde la mesosfera hasta los límites del universo.

El 7 % del PIB europeo depende del sistema de localización GPS que es estadounidense, inicialmente militar, hoy civil, por lo que de alguna manera estamos a merced de Washington. Por eso, al igual que Rusia tiene el Glonass y los chinos el Beidou, debemos contar con  nuestro sistema propio, el Galileo, que estará en funcionamiento dentro de unos años, subraya Javier Ventura-Traveset, portavoz de la ESA en España. El trabajo de la agencia, que acaba de cumplir 50 años, no es una opción, sino una necesidad.

 

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La ESA está integrada por 20 países de la Unión y dos extracomunitarios, Suiza y Noruega. España está presente desde el primer momento y hoy es el quinto país en importancia en la agencia lo que nos ha permitido contar con una gran experiencia en este campo, añade el portavoz de la ESA. Tenemos el centro de Villanueva de la Cañada para operaciones científicas y el de Cebreros, para el estudio del espacio profundo.

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