La Unión Europea y Gaza

logoasoc-02Europa y su expresión político-administrativa, la UE, es percibida de nuevo, tras la destrucción causada por la invasión israelí en Gaza terminada el 18 de enero, como el organismo que pagará la factura: dividida e incapacitada para actuar, pero moral y políticamente obligada, su condición de proveedor de fondos para la reconstrucción es insoslayable sobre todo a causa de la fuerte simpatía popular en el continente por la causa palestina en su conjunto.

La situación ahora es conocida: el presidente Sarkozy se movió a fondo a primeros de enero, cuando ya había empezado la presidencia semestral checa. Pero su gestión fue, pese a sus esfuerzos (y a llevar allí a fin de cuentas a una distinguida media docena de líderes europeos, incluido Rodríguez Zapatero para una brevísima visita a Egipto, Israel y los territorios) una iniciativa más francesa que europea. La UE como tal solo pudo confirmar que carece de la condición de actor único y global, una situación precaria que la no ratificación del Tratado de Lisboa no hace sino profundizar.

La Unión está en el Cuarteto (con USA, Rusia y la ONU) y un europeo, Tony Blair, ostenta el cargo, por completo prescindible, de enviado especial del mismo ante Israel y la Autoridad Palestina (AP). También esto contribuye a la confusión, lo mismo que los viajes de ministros de Exteriores de otros países europeos por no hablar del dúo Klaus-Topolanek (presidente y primer ministro checos, es decir gestores del actual semestre), que llegaron al extremo de declarar apenas sentados en sus funciones, el tres de enero, que Israel hacía bien en hacer lo que hacía porque se trataba de una operación defensiva, no ofensiva.
Desapariciones y limitaciones Javier Solana, siempre voluntarioso y pro-activo, hace lo que puede. Hizo una gira por la región a finales de enero en la que se abstuvo de entrar en Gaza y administra con prudencia lo que es el fondo de la actitud de mínimo consenso de la Unión: solución con dos Estados y boicot de los islamistas, aunque hayan ganado las elecciones (y potencialmente puedan ganarlas de nuevo). Y siempre con la chequera lista, en este momento concreto preparado para reanudar ya mismo el control y gestión del paso fronterizo de Rafah, si se reabre finalmente. Del enviado especial permanente de la Unión en Oriente Medio, Marc Otte, no hay noticias.

Y, para terminar, la Unión está ahora institucionalmente atada por su decisión de poner al Hamas islamista en el poder en Gaza en la lista de organizaciones terroristas (lo que, muy juiciosamente, no ha hecho con el Hezbollah libanés, igualmente islamista, combatiente y antisionista). El europarlamento, sin embargo, no es el ejecutivo y muchos de sus miembros no ocultan sus críticas a Israel. Tantas que allí, en Estrasburgo, es donde se expresó la única censura oficial europea: una mayoría votó contra la inminente mejora de la relación comercial entre la UE e Israel, que ya dispone de una relación privilegiada, ahora congelada.

Es un indicio de que la situación empieza a cuartearse y a veces es casi ridícula: los gobiernos se atienen a lo prescrito en la lista…(algunos ya han anunciado que “hablarán con los islamistas”) y los diputados europeos hacen lo que quieren: hay casi cola para ser recibido en Gaza o en Damasco, donde residen los dirigentes exiliados del Hamas (incluidas personalidades estadounidenses). Gente de peso y conciencia, como la diputada británica Clare Short, que acaba de hacer el viaje y otros muchos -los últimos italianos y griegos- hacen lo propio. Por cierto ¿para cuándo una viajecito de diputados españoles independientes de corazón?

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