Estado, ¿del bienestar o de la beneficencia?

De como hemos llegado a esto. La tertulia de Europa en suma con Eloìsa del Pino, investigadora del Instituto de Políticas y Bienes Públicos y de la Fundación Alternativas.

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Lo que debatimos no es la tan traída y llevada crisis, sino las políticas que se han aplicado a cuento de la misma. Lo que creíamos que eran derechos pasan a ser caridad o beneficencia. Igual que confundimos los derechos de los que huyen de una guerra, el derecho al asilo, con la caridad. De fondo planea la gran cuestión: ¿podemos pagar el modelo social europeo?

Cuando hablamos de Estado del Bienestar, hablamos de colectivos, no de individuos, subraya Eloísa del Pino, de políticas para atender necesidades sociales de colectivos como pensionistas, infancia, parados o desprotegidos.

En España, el bienestar es o era grande en relación con el resto del planeta, pero más mediano si lo comparamos con nuestro entorno, indica del Pino. Por ejemplo: es más modesto que en Francia, donde tienen el gasto social más alto del mundo en función del PIB.

En nuestro país, añade, nos encontramos con una paradoja: el gasto social con respecto al PIB ha subido, simplemente porque este último ha caído. En teoría no ha habido recortes, pero como hay más desempleo se gasta más, aunque se hayan recortado las prestaciones. Del gasto social, señala la investigadora, destinamos un 30% a pensiones, un 30% a sanidad, una partida que va creciendo, y un 15 % a desempleo. Eloísa del Pino estima que en nuestro país se gasta mucho más en los mayores que en la infancia y da un aviso para navegantes: mientras que aquí las pensiones son vitalicias, en otros países se entienden como ayudas coyunturales y duran entre uno y cinco años. Una partida que puede sufrir recortes.

No tenemos, asegura, un problema de gasto; el problema es de ingresos y, además, tenemos uno de los sistemas menos redistributivos de la UE. No se trata de gastar más, afirma, sino de gastar mejor. El paro es el principal factor de desequilibrio y el empleo es precario, un 30 % es temporal.

De cara al futuro, Eloísa del Pino subraya los dos grandes problemas: el envejecimiento de la población y la baja tasa de natalidad. El modelo de familia ha cambiado, comenta, un 15 % de los hogares son monoparentales; el gastos sanitario crece porque vivimos más y por las nuevas tecnologías y no hemos sabido hacer el cambio en la sociedad postindustrial.

La investigadora indica que la crisis ha afectado a los jóvenes de manera muy distinta según su grado de formación. Mientras que entre los universitarios la curva de empleo baja suavemente, entre los que tenían poca o mediana formación la caída es más brusca, entre aquellos que abandonaron los estudios para meterse en la construcción.

Cuando llega la crisis, sigue diciendo, Europa revisa su modelo social. En España había poco dinero para la dependencia y quedó menos. En los años de bonanza económica no luchamos lo suficiente contra la desigualdad, todo estaba pensado en la construcción, afirma. Tras la tormenta económica ha aumentado el desempleo, pero, más importante, sin red de protección social. Se han endurecido las condiciones para cobrar ayudas, se recortan las prestaciones, su duración, y la ayuda a domicilio.

Eloísa del Pino estima que, si bien una parte de la clase media no se ha visto afectada por la situación, si lo ha sido en sus expectativas, porque ve el futuro de sus hijos más incierto. Lo que si queda claro, indica, es que la tormenta ha afectado más a los que ya eran más desfavorecidos, a los que tenían empleos más precarios. Van a tener muy difícil generar derecho a pensión, reconoce. Hoy, para ellos, no solo el bienestar, sino simplemente el Estado, no existe. Y subraya que tenemos una tasa de pobreza al nivel de Rumanía o Grecia.

Uno de los grandes retos de cara al futuro, asegura la investigadora, está en saber hasta que punto los gobiernos van a conseguir proteger a los más desfavorecidos. En segundo lugar, y en medio de continuos casos de corrupción, hasta que punto la gente estará dispuesta pagar impuestos, teniendo en cuenta que capas de la clase media optan por pagar la escuela privada y no acuden a la pública.

Preguntamos a Eloísa del Pino como se soluciona esto, en medio de los recortes del gasto. Responde que hay márgenes y que se puede optar por invertir en infraestructuras caras de rentabilidad dudosa, como el AVE, o en política social. El Estado del bienestar es sostenible, estima, y uno de los objetivos esenciales es pensar más en el futuro, en los niños y en los jóvenes.

Con respecto a la mujer, señala que hay que revisar nuestro modelo. Las sociedades nórdicas priman que todo el mundo trabaje, hombres o mujeres. En las anglosajonas la mujer sufre siempre de un empleo precario, mientras que en el Sur se ha tratado de garantizar el empleo del que trae el pan a casa, y se entiende que es el varón.

Termina diciendo que entre la protección a los más desfavorecidos no está la renta mínima que propone alguna formación política, simplemente porque no se puede pagar.

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