Y, sin embargo, sonríen.

La situación en Grecia en la tertulia de Europa en suma con la enviada especial de El País, María Antonia Sánchez-Vallejo.

P1Nos preguntamos en esta tertulia si es posible someter a un país como Grecia a más rescates sin causar más estragos, si el país heleno puede pagar la deuda, si es asumible el costo social y hasta cuando lo podrá soportar la población

Creíamos haberlo visto todo y ahora, tras la aprobación de un nuevo paquete de medidas, le piden a Grecia que presente un nuevo borrador antes de finales de Julio, comenta Sánchez-Vallejo.

Pero los indicadores, dice, son terribles: el consumo ha bajado un 40 %, y los salarios en la práctica han bajado otro tanto. Las pensiones se han recortado 11 veces, están en la mitad que al comienzo de la crisis y hay que recordar que mantienen hoy a un tercio de las familias. Estos indicadores llevan a la lágrima.

Lo que me sorprende, asegura la redactora, es que todo esté en orden, que la gente no se levante en armas, que tenga resistencia y, sobre todo, que sonría. Pero, claro, hay que tener en cuenta que estamos hablando del Mediterráneo y aquí las cosas son distintas. En pleno corralito nadie rompió los cajeros. El griego es muy político y muy polemista, reconoce, pero, en general, la pólvora se queda en salvas.

En la práctica, indica, parece que Grecia es un campo de pruebas dónde la Unión Europea está poniendo a prueba sus principios, la unión monetaria y la libre circulación de personas. No hay más que recordar que Bruselas amenazó a Grecia con sacarla de Schengen, cuando resulta que ese país no tiene fronteras con los de la Unión.

Mientras que en el centro y oeste de Europa ven con pavor la entrada de un afgano, comenta Sánchez-Vallejo, Grecia hoy es un almacén de almas, llena de refugiados, con el costo adicional que éso supone en medio de su crisis. Se ha dado acceso a la sanidad gratuita a los refugiados y se prepara la escolarización de los niños que están en los campos de refugiados. Y Bruselas ayuda a Turquía para que no lleguen más refugiados, pero no a Grecia.

Ningún ser humano puede quedar impasible ante la tragedia griega y, me temo, dice la periodista que ésto va a durar.

Está claro que la deuda griega es insostenible, añade; si han hecho falta hasta tres rescates es que algo no funciona. Está claro que la deuda no se va a pagar. Cada griego, bebés incluidos, debe unos 30.000 euros.

El expresidente del Parlamento Europeo, José María Gil-Robles indica que el problema no es la deuda, que no se puede pagar. Que se apunten los débitos en una barra de hielo y que se funda, propone. La solución, puntualiza, es cómo gastar menos que lo que se recauda. Ésta es la clave.

Los griegos están de acuerdo en que el Estado, alimentado por el antiguo bipartidismo, estaba sobredimensionado, apunta Sánchez-Vallejo. El problema es cómo hacer frente al gasto con una economía poco eficiente; la mayor parte de las empresas son Pymes.

Se piden más privatizaciones, pero no se que más se puede privatizar, ironiza la periodista; el Partenón, quizá. La del puerto del Pireo no ha aportado más que 1.400 millones de euros.

Juan Cuesta comenta que nada mejor que la llegada de la izquierda para hacer los ajustes duros, como hizo Felipe González aquí. Nueva Democracia no hubiera podido llevara cabo las reformas porque habría habido contestación en la calle.

La posición encarnada por la ultraderecha de Aurora Dorada, gente xenófoba y bastante bruta, no tiene muchas posibilidades, indica Maria Antonia, no creo que pueda recoger el voto de los descontentos. Tiene el nivel que tiene, en torno al 7% y no creo que suba mucho más.

Grecia era un país peculiar, donde los ricos, los navieros, no pagan impuestos, donde los profesionales liberales no pagan impuestos, donde las clases medias acomodadas no pagaban impuestos. Ahora, Grecia, dice la redactora de El País, necesita ser, no solo moderna, sino contemporánea.

José María Gil-Robles reconoce que Europa ha cometido algunas equivocaciones, ha trabajado con poca habilidad, un tanto a lo bruto, pero recuerda cual es el marco de juego de la Unión: una economía social de mercado, la idea de la democracia cristiana, socialdemocracia y liberales. El que no quiera esta fórmula se puede ir, evidentemente, con todas las consecuencias. Los pueblos europeos tiene buen sentido, aguantan pero protestan o viceversa, porque la opción de irse es peor, puntualiza.

Lo que me extraña, dice finalmente Sánchez-Vallejo, es que la Acrópolis siga estando en su sitio y, en medio de todas las penurias, los griegos sigan dando un extraordinario ejemplo de humanidad con los parias, con los refugiados. Lo que no sabemos, precisa, es cuanta asfixia más pueden soportar.

 

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