La famosa PAC (Política Agrícola Común) es la política más vieja de la Unión Europea (UE) y seguramente la más antigua desde que se fundó», dijo con ironía Tomás García Azcárate, vicedirector del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC. Así abrió el último debate de Europa en Suma, celebrado el pasado día 8 de marzo. Recordó dos estigmas -«pecados », dijo- que la PAC arrastra desde sus inicios: excedentes productivos y subvenciones caóticas.
Andreu Missé destaca la importancia excepcional de los fondos europeos de ayuda frente a la crisis
Parece claro que todo lo que se diga sobre la trascendencia del Fondo Europeo de Recuperación de la UE y su significado en relación con la historia de la construcción europea, estará más que justificado y probablemente se quedará corto. Lo aprobado por los líderes de la Unión en julio del pasado año marca rotundamente, y más allá de las frases hechas, un antes y un después.
Con la salida de Donald Trump de la Casa Blanca, muy contra su voluntad, la gran cuestión es el futuro y las perspectivas de ese movimiento radical populista y ultrarreaccionario, de alcance mundial, que tiene al estruendoso empresario y expresidente como referente máximo.
Al margen de sus posibilidades, reales o imaginarias, de volver a ser candidato en su país, al término de un retiro dorado de cuatro años en su mansión de Florida (nunca mejor dicho en este caso, pues el dorado, mejor cuanto más intenso y llamativo, es el color favorito y emblemático de Trump), el interés a partir de ahora estará en comprobar en qué medida las doctrinas y las formas políticas estimuladas o personificadas por él pueden sobrevivir y desenvolverse, en Estados Unidos y en el resto del mundo, sin su presencia al mando del país más poderoso de la Tierra. ¿Trumpismo sin Trump?