¿Se acuerdan de Angela Merkel? Sí, la dama de acero inoxidable alemán (la de hierro era Thatcher), la que ponía firmes a los países pobres del Sur en medio de la crisis, la que pedía austeridad y desataba odios.
Sí, sigue siendo Canciller, o, al menos, va a la Cancillería de Berlín. Pero si hay elecciones, no comparece, porque ya “no vende”. Su tiempo se acaba o se ha acabado. Renunció a la presidencia de su partido, la CDU, tras retrocesos en serie en las generales y regionales; sigue en la Cancillería, pero no da respuesta ni a los problemas internos ni a los grandes desafíos globales.


