El acuerdo sobre la salida de Gran Bretaña coincide con nuevas iniciativas para la reforma del euro, que ayuden a los países europeos a proteger sus economías frente a futuras crisis.
Se ha dicho y repetido que David Cameron podría pasar a la historia como el peor primer ministro que ha tenido nunca la Gran Bretaña, por el resultado del referéndum de junio de 2016, que él convocó, y sus múltiples y lamentables consecuencias… para Europa y para el Reino Unido. Con cierta razón pudo Cameron echar parte de la culpa de aquel resultado a la actitud tibia, ambigua y poco constructiva del líder de la oposición laborista: el mensaje de Corbyn fue cualquier cosa menos un apoyo sincero al proyecto europeo (que no comparte) y a la permanencia de su país en la Unión Europea.


En primer lugar habría que desterrar de una vez ese maldito término anglosajón que se impone en todas las informaciones y mesas redondas, que utilizan y utilizamos para aparentar ser más modernos. En castellano se dice bulo y no lo han inventado los norteamericanos, es tan viejo como el mundo. Si ir más lejos, nos contaron el bulo sobre la creación del mundo, que tuvo y sigue teniendo mucho éxito y que se opone a la lógica y a la razón. Pero nos gustan las historias, y, sobre todo, los cuentos. Y cuanto más exagerados, mejor. Ese es el problema.