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Los periodistas de la UE ante las elecciones europeas

Por Paco Audije

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El periodismo es un bien público. Ese es el principio del que parte la Federación Europea de Periodistas (FEP) ante las elecciones europeas del 25 de mayo y recuerda que para su cumplimiento existe un requisito imprescindible: los periodistas tienen que ejercer su oficio con independencia. Deben esforzarse en ese sentido. Y eso, quizá, debería ser especialmente cierto en el caso de los medios públicos audiovisuales.

Desde luego, todo Servicio Audiovisual Público (SAP, Public Service Broadcasting, PSB, según sus siglas en inglés), requiere transparencia, financiación suficiente y alejamiento de las presiones políticas. Y a pesar de todas sus diferencias, caricaturizaciones, irregularidades y ataques que puedan sufrir los distintos SAP, su existencia continúa siendo un signo distintivo de las democracias europeas. Y cuando gobiernos como los de Grecia (la ERT) o la Comunidad Autónoma de Valencia (España), han cerrado esos medios -por su propia mala gestión política y económica- la mayor parte de la ciudadanía lo ha percibido como un deterioro de la calidad democrática de esas mismas sociedades.

La falta de independencia de las radiotelevisiones públicas suele ser paralela a su manipulación política creciente, a su falta de calidad y a una financiación irregular.

Europa: la respuesta de los demonizados

Por Paco Audije

 

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La demonización de los pobres es una obsesión -recubierta de cinismo- de ciertas élites políticas que gobiernan Europa. Olli Rehn, Comisario de Asuntos Económicos, y Jean-Claude Trichet, anterior presidente del Banco Central Europeo, han comparecido ante los europarlamentarios. Se ha dicho que para dar cuentas por los desmanes de la troika. Si es así, comparecen mal y tarde, cuando la hegemonía del dogma neoliberal empieza a ser cuestionada en la calle y en sus fundamentos ideológicos.

Buena parte de la ciudadanía percibe dudas de rumbo en quienes controlan las agendas neothatcherianas. Un buen ejemplo, es la ruptura -en Alemania- del tabú merkeliano del salario mínimo. Otros ejemplos surgen en el sur, como la anulación precipitada de ciertos copagos sanitarios y las dificultades que -en España- encuentran los guardianes del rigor para privatizar (en beneficio propio) la sanidad pública. Chocan con la justicia, con el activismo resistente en general y con la «marea blanca». En Italia, ya no hay duda del declive del berlusconismo.

En estos momentos, los hombres de negro de la troika, y sus súbditos de aquí y allá, dicen haber concluido su trabajo sobre déficits y deuda en Irlanda y España; en realidad, se ha tratado también de un proceso práctico de destrucción de servicios sociales y de culpabilización de quienes menos tienen (proceso ideológico).

Algunas cosas parecen estar cambiando: solo hay que contemplar la cara de los cirujanos del rigor (mortis) cuando comparecen. Llámense Olli Rehn o Fernández Lasquetty. Han mantenido un discurso lleno de dogmas economicistas sin medir las consecuencias. Y los que las han sufrido, los demonizados, empiezan a proclamar en voz alta cada uno de sus retrocesos, hasta el más insignificante.

En su visión del mundo, han sido y son –paradójicamente- más rígidos que los planes quinquenales soviéticos. Han castigado así -en exceso- a amplios sectores de las clases medias y son conscientes -en la actualidad, quizá tarde para ellos- de que se han alienado a buena parte de sus bases políticas. Su delirio empieza a pasarlos factura.

Politizar las elecciones o los errores no corregidos de la partitocracia

Por Juan Cuesta. Team Europe. Presidente de Europa en suma.

 

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Hay miedo a la abstención, por más que miremos una y otra vez a la participación en las elecciones estadounidenses para colegir que no hay riesgo desligitimación. Si Obama fue elegido con un 57% de participación, en la pasada convocatoria electoral europea participó un 43%. Subrayemos, no obstante, que en cinco de los estados comunitarios (Bélgica, Italia, Chipre, Grecia y Luxemburgo) es obligatorio el voto bajo pena de multa, aunque no siempre somos estrictos en el cumplimiento de la ley.

Y hay miedo porque Europa es un proyecto en construcción y no queremos que la desafección pueda interpretarse como una enmienda a la totalidad, no queremos que el resultado se interprete en clave de rechazo a una estructura de poder ajena a la ciudadanía. Y porque, además, los europeístas sabemos que el Parlamento tiene nuevas competencias, que está cada vez más cerca de la sensibilidad ciudadana, que el control de la cúpula de los partidos sobre sus diputados se relaja bastante con la distancia, salvo en asuntos nacionales y que ha sido, es y será un instrumento fundamental en el proceso hacia la Unión Política.

Tenemos miedo los europeístas y tienen miedo los gobiernos, que serán los destinatarios últimos de esa enmienda a la totalidad, si efectivamente la abstención es de record. Porque, claro, si la mayoría de europeo cree que su voz no se escucha suficientemente en Europa y sólo una minoría tiene una imagen positiva de la UE como  consecuencia de las secuelas de las soluciones europeas a la crisis, en parte por el desestimiento de las instituciones europeas de sus obligaciones sociales, una abstención masiva y/o un vuelco electoral en favor de partidos minoritarios en detrimento de las dos grandes opciones europeas, podría ser también interpretada como un atisbo de relevo en la clase política.

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