Apuntes y reflexiones del debate "Las relaciones UE-América Latina

Con el único ánimo de anticipar el debate sobre la cumbe UE-CELAC de final de julio recogemos aquí las reflexiones y propuestas formuladas por ponentes y asistentes al coloquio celebrado el 4 de julio en el Ateneo de Madrid. En modo alguno, se pueden interpretar como conclusiones de consenso, sino aportaciones para el debate. Europa en suma, como asociación plural, no tiene una posición definida al respecto. La primera mesa estuvo formada por Sol Gallego-Díaz, exdirectora de El País y El País América; Manuel Alcántara, fundador del Instituto Iberoamericano de la Universidad de Salamanca; Sergio Ramírez, escritor, y Marta Lagos, Directora del Latinobarómetro; todos ellos moderados por Inma León, coordinadora de Internacional de TVE y secretaria de Europa en suma. La segunda mesa tuvo como ponentes a Andrés Allamand, Secretario General Iberoamericano; Félix Fernández Shaw. Director para América y Caribe de la Comisión Europea; Ramón Jáuregui. Presidente de la Fundación Euroamérica, y José Ignacio Salafranca, expresidente de la Asamblea Parlamentaria EUROLAT; todos ellos, moderados por Cristina Gallach, Comisionada  Especial para la Alianza por la Nueva Economía de la Lengua.

 

 

  1. La situación en el continente

-Algunos datos del Latinobarómetro de próxima aparición son preocupantes, como que en la región 17 presidentes terminaron mandato antes de tiempo y que 22 presidentes han sido acusados y condenados por corrupción. Solo dos países no tienen entre sus presidentes o vicepresidentes de los últimos años a ninguno acusado o condenado. Además, en la inmensa mayoría las presidencias están cuestionadas por su debilidad y hay muchos presidentes que han forzado las reglas para mantenerse.

-En los últimos años la democracia y las instituciones se han ido debilitando en la región por diversos motivos, como el personalismo de las élites dirigentes, que ha minado las instituciones; las crisis económicas, que han tenido un impacto negativo en el apoyo ciudadano a la democracia; o el aumento del autoritarismo y el hecho de que a buena parte de la población o le gusta o no le preocupa.

-La pandemia y la crisis han tenido consecuencias funestas en la economía, han mostrado la incapacidad de una actuación unitaria de los países y han hecho crecer la desconfianza de los ciudadanos hacia sus gobiernos. Sin solucionar la inestabilidad institucional será difícil mejorar la situación.

-Se abordó brevemente la situación en tres países con regímenes claramente autoritarios. En El Salvador, Bukele ha hecho desaparecer las instituciones que le estorbaban y ha puesto a otras bajo su control; tiene un apoyo popular superior al 90% actualmente y tiene fácil lograr la reelección. En Nicaragua, Ortega no tiene respaldo popular, los ciudadanos tienen miedo y él ha conseguido la reelección imponiéndose por el fraude electoral. En Guatemala no hay una figura como Ortega o Bukele sino una oligarquía, un entramado de poder que intenta perpetuarse mediante fraude electoral. Eliminó a aspirantes a candidatos que podrían haber tenido respaldo electoral y, al lograr apoyo en la votación un socialdemócrata, Arévalo, está intentando que una revisión de votos lo descarte.

-Se abrió la perspectiva a los últimos 40 años, con datos publicados por CEPAL y el Banco Mundial que muestran que no ha ocurrido, como se esperaba, que en un escenario de democratización creciera la economía y se redujera la desigualdad. Además se criticó la ausencia de un liderazgo regional.

-Se habló también de fatiga y retroceso democrático y de debilitamiento de las instituciones. Son en general democracias basadas solo en lo electoral; con una política muy personalista, basada no en los partidos, que se han descompuesto y no logran que la gente se identifique con ellos, sino en los candidatos. Ahora lo que hay son partidos con líderes pero sin programa político; líderes cuyos perfiles a menudo muestran poca formación y mucha incapacidad.

-El aumento del número de partidos no implica un sistema más sólido y estable. A mayor fragmentación, más difícil es formar coaliciones y gobernar y más débil se vuelve el sistema, un fenómeno que no es exclusivo de América Latina. Actualmente las sociedades son más líquidas, hay más individualismo, menos colaboración entre personas y una ausencia de identificación con un proyecto político (o si la hay, es muy breve).

-Existe también una crisis de representación, pues la forma de gobierno es más el presidencialismo que el parlamentarismo, con presidentes que no suelen tener el apoyo del Parlamento y mantienen con él unas relaciones muy complicadas en las que el legislativo o no actúa como contrapeso o ejerce como oposición al presidente.

-El presidencialismo en la región nació con la independencia y la necesidad de imponerse a la anarquía que siguió; el parlamentarismo, en cambio, es resultado de un proceso de maduración democrática, y Latinoamérica está lejos de esa madurez.

-En cuanto al sistema judicial, se hizo notar que muchos presidentes han usado y usan el sistema judicial para frenar la oposición, pues ahora el poder judicial tiene mejor imagen que el legislativo. Ese poder judicial ha ido ganando relevancia hasta el punto de estar procesando a presidentes. Sin embargo, se muestra ineficaz en muchos casos en la lucha contra la delincuencia y la violencia (por ejemplo, los asesinatos de periodistas en México casi siempre quedan impunes, y así los medios de comunicación no pueden contribuir a crear un espacio de debate público). El monopolio de la violencia legítima por parte del Estado no existe en muchos países.

-En el aspecto de la integración supranacional, se señaló que no se ha avanzado nada en 50 años, principalmente porque las élites no se ponen de acuerdo y también por las ideologías. No ocurrirá mientras los líderes no hagan políticas de Estado. Se apuntó que se podría empezar por la integración económica, como se hizo en Europa: en el caso europeo fue en torno al carbón y el acero, en América Latina podría ser el litio.

-La volatilidad y la tendencia al autoritarismo son un serio obstáculo para la integración. Integrarse implica ceder poder a un organismo supranacional y además requiere una estabilidad democrática consolidada y continuada.

   2. Intentando recuperar el tiempo perdido.

   

   - Hay que intentar, efectivamente, recuperar el tiempo lamentablemente perdido. Dejar definitivamente atrás esa época de oportunidades perdidas en años de crisis e indeterminación, y poner en marcha proyectos e iniciativas que den salida al potencial que tiene Europa para contribuir a la modernización y al desarrollo sostenible en el área de Latinoamérica y el Caribe, donde la presencia de China, sobre todo, pero también de Rusia, se ha intensificado extraordinariamente en los últimos años.  

  -Europa e Iberoamérica comparten no solo historia, cultura, lengua y valores, sino también acuerdos e intercambios económicos, así como instituciones y organismos de cooperación. Pero el hecho es que durante muchos años esa actividad compartida ha sufrido un dramático parón.

-La Unión Europea y la CELAC (el gran organismo de concertación, integración y desarrollo de países latinoamericanos y caribeños) lleva mucho tiempo con sus relación prácticamente interrumpidas. Pero la SEGIB tiene la esperanza de que la Presidencia española ayude a abrir una nueva etapa de cercanía y cooperación ante el nuevo escenario internacional, complejo y prometedor al mismo tiempo, en el que europeos y latinoamericanos tienen claro que será mejor trabajar juntos.

-Europa, entre otras cosas, necesita para su transición verde materiales estratégicos, abundantes en Latinoamérica, así como energía y alimentos. Y puede ofrecer, por su parte, financiación y experiencia regulatoria para contribuir al desarrollo de Iberoamérica. 

  -En 1999 tenía lugar la gran cumbre de Río de Janeiro, en la que medio centenar de mandatarios de la Unión Europea y de América Latina y el Caribe pactaron una gran alianza estratégica de colaboración de cara al nuevo siglo, que vino acompañada de múltiples acuerdos comerciales y de un abundante flujo inversor por parte de empresas destacadas, sobre todo españolas (de comunicación y telefonía, y de banca y seguros, entre otras), que contribuyeron notablemente a la modernización de la gestión en muchos países latinoamericanos. 

  -A esa prometedora etapa le siguieron otras de retrocesos y dificultades en la zona, y de crisis sucesivas en Europa: los problemas del Euro, la desilusión del Brexit, los problemas migratorios y las dificultades con Rusia, primero por Crimea y luego por la agresión directa contra Ucrania. Europa parece perder su papel como referencia y es el momento de China, que inunda América Latina con la inmensidad de sus capitales y sus productos industriales y servicios casi sin competencia. Y junto a ello, la importante presencia geopolítica de la Rusia actual en la región: en Cuba, en Venezuela o Nicaragua y últimamente también en Bolivia, donde una empresa estatal rusa, ha logrado una importante concesión para la extracción de litio.

-En definitiva, parece que Europa ya no es tan importante para América Latina. Y no basta con la voluntad política: hay que tener en cuenta las circunstancias y saber qué se quiere hacer para recuperar esa relación. Las insuficiencias estructurales se han intensificado en Latinoamérica, la integración casi no existe, los intercambios comerciales se han reducido y la pobreza y la desigualdad han aumentado.

-Y mientras, frente a los gestos de acercamiento y supuesta generosidad por parte de China (como la instalación en Chile de un laboratorio para la fabricación de vacunas contra la COVID, o la construcción, en Panamá, del edificio del Parlamento Latinoamericano, la burocracia europea y la complejidad de los procesos y las normas de ratificación dificultaban el avance de los acuerdos, los procesos y las decisiones: por ejemplo, el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, cuya negociación llevó dos décadas, lleva cuatro años paralizado, sin entrar en vigor porque Francia no lo ha ratificado.

-Está claro que Latinoamérica busca inversiones y tecnología, para salir de la primarización de su economía, es decir, quiere dejar de ser productor de materias primas para la exportación, sin crear valor añadido. Las empresas europeas, entre ellas las españolas se tienen que instalar en América Latina, que es un área que quiere crecer y aprovechar, para ello, la revolución verde y digital. Y Europa, sin paternalismos inaceptables, puede ayudar con sus estándares sociales y su modelo de calidad laboral y de respeto al medio ambiente, a que esa transición digital sea inclusiva y justa y ayude a crear una gran base fiscal.

-En todo caso, habrá que trabajar mucho, por parte europea, para superar resistencias y recelos después de tanto tiempo lamentablemente desaprovechado. La cumbre de Bruselas entre la Unión Europea y la CELAC, la gran cita euro-latinoamericana de la presidencia española del Consejo, habrá representado un prometedor comienzo en ese sentido.

-Y todo, con la vista puesta en ese gran proyecto de inversión y financiación público-privada denominado (en inglés, ¡cómo no!) Global Gateway. Una propuesta estratégica netamente europea, destinada a trabajar juntos por un futuro con energías limpias y una digitalización justa, que cree empleo de calidad, innovación y formación en América Latina y contribuya a una sociedad más equitativa. Se trata de crear vínculos razonables y movilizar medios del sector público y el sector privado, de las instituciones, como el Banco Europeo de Inversiones, y de los gobiernos (y entre ellos, de forma destacada, el de España) pensando en un modelo no solo comercial y extractivo, sino productivo en términos económico-sociales, que sirva a todos.  

 

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