Tal día como hoy, hace medio siglo, el 25 de enero de 1968, la Universidad Católica de Lovaina (UCL, en Bélgica), fue escenario de violentos incidentes. La expulsión de la UCL de los profesores y estudiantes de lengua francesa estaba en marcha, tras una larga serie de enfrentamientos políticos entre francófonos y flamencos.
Diez días antes, la voluntad de “purificación” o flamandización de la UCL –en su sede histórica- había sido confirmada mediante una movilización de los estudiantes y del profesorado neerlandófono (flamenco). Rechazaban un plan del Consejo Académico que insistía en mantener el bilingüismo en aquella universidad fundada en el siglo XV. La policía detuvo a casi 700 personas y la seguridad fue reforzada en todo el país. Hubo incidentes muy graves, intervención policial y una huelga universitaria. Una vez más, la unidad de Bélgica estaba en peligro.
El texto que encendió la ira de los flamencos decía –entre otras cosas- lo siguiente. “El Consejo Académico no ignora que la destrucción o el desmantelamiento de la sección francesa podrían ser decretados por las autoridades políticas despreciando nuestras libertades fundamentales. Si esa posibilidad se confirmara, traería consigo consecuencias fatales para l UCL, para la enseñanza universitaria y para la unidad del país”.




Movilización de los periodistas de la ATS el 30 de enero, frente a la sede del Gobierno, en Berna, durante su huelga ilmitada (foto Syndicom).En un país, Suiza, donde la paz social parece tener la fuerza de un mandamiento bíblico y donde las huelgas se pueden contar con los dedos de una mano, los periodistas de la ATS (agencia nacional, o literalmente, Agencia Telegráfica Suiza, iniciaron esta última semana de enero de 2018 un paro por tiempo indeterminado. En el fondo, se trata –una vez más- de una lucha por la información como bien público y no como simple mercancía.