Hace casi 500 años, Lutero y sus 95 tesis: su impacto en la Europa de hoy

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Aquel otro 31 de octubre, en 1517, hace casi cinco siglos, un monje católico agustino llamado Martín Lutero, teólogo y profesor universitario, clavó sus 95 tesis en las puertas de una iglesia de Wittemberg (Sajonia Anhalt, Alemania). Así empezó la Reforma, movimiento religioso y político que resultaría decisivo para el porvenir de Europa y la civilización europea.

Y aunque quien esto firma no sea precisamente lo que se dice un creyente, la idea de las 95 tesis clavadas en un portalón de madera, la imagen mental de aquel desafío a Roma, siempre me resultó fascinante. Es la época primera del desarrollo de la imprenta, en la que la velocidad de las tesis novedosas se acelera. “En el corto espacio de cuatro semanas, antes de que Lutero pudiese conseguir las opiniones de estudiosos y escolásticos, fueron impresas las tesis y circularon por toda Alemania y Suiza” (‘Lutero y el nacimiento del protestantismo’, James Atkinson, 1968). Estoy lejos de ser un especialista, pero pienso que merece la pena reflexionar hoy sobre el impacto de aquel gesto de Wittemberg en nuestra propia época y en la Europa actual.

Lutero, cara y cruz

En los países nórdicos o de influencia luterana se tiende a resaltar los lazos de las 95 tesis con la idea moderna de libertad de expresión; la oposición de Lutero a las indulgencias se presenta como temprana lucha contra una corrupción -para ellos- más bien sureña, aunque en realidad afectara en aquella época a todo el mundo católico (que incluía entonces el centro y norte de Europa). Si hay otros ángulos posibles, por poner un caso, el vínculo casi invisible que unió al apartheid histórico de Sudáfrica con un cierto concepto luterano de “pureza”, eso tiende allí a ser menospreciado o desconocido.

Desde ese punto de vista, tratan de disculpar también los resabios antisemitas o las duras condenas de Lutero contra los rebeldes de las Bauernkrieg, las revueltas campesinas alemanas del siglo XVI que dirigieron líderes (¿protosocialistas?) como Thomas Munzer o Joss Fritz.

Cientos de miles de campesinos miserables terminaron como éstos, torturados, aplastados y ejecutados. Lutero había afirmado primero que la extrema pobreza no tenía fundamentos bíblicos y escribió: “Un cristiano es dueño de todas las cosas y no es súbdito de nadie”. Pero al desarrollarse la revolución campesina azuzó a los príncipes contra los revoltosos.  “Hay que herirlos, matar y estrangularlos, como si fueran perros rabiosos”, escribió en su famoso alegato ‘Contra las bandas de campesinos asesinos y ladrones’.

Refugiados, recortes y reformadores

En marzo de 2015, en Ginebra, visité con interés el Muro de los Reformadores y el Museo Internacional de la Reforma, donde –si el recuerdo no me falla- se recrea una cena de debate teológico sobre la predestinación entre las principales figuras históricas del protestantismo. Ginebra fue refugio para perseguidos hugonotes y protestantes que huían de Francia y así se recuerda en muchos puntos de la ciudad. Como hoy en día, los refugiados no eran bien recibidos en muchos lugares, pero sí en Ginebra, protestante y “ciudad libre”.

220px-lucas_cranach_d-a-_-_martin_luther_1528_veste_coburgAsí que en este aniversario de Lutero, también oigo con atención a quienes relacionan a Lutero con la actualidad diversa, tanto en lo que se refiere -pongamos por caso- a los refugiados como a las políticas de austeridad que sufre la Unión Europea.

Porque, ¿hay en éstas últimas un cierto  fondo político y cultural luterano? Al menos, entre sus principales promotores (¿o predicadores?), están la canciller Angela Merkel y su infausto Ministro Federal de Finanzas, Wolfgang Schäuble. Ambos de educación y orígenes familiares vinculados a esa variante cristiana que rompió en Wittemberg con el catolicismo romano.

Me pregunto, ¿qué hay entre la ruptura representada por las 95 tesis y la austeridad neocapitalista del siglo XXI?  No lo sé, pero está claro que quizá los recortes del debilitado estado del bienestar se han justificado -además de por el poder y la voluntad de ciertas élites, que se enriquecen sin límite moral-  también por el impulso de una cierta idea de “pureza” propia del protestantismo. Retrospectivamente, es curioso que la Europa comunitaria naciera (en 1957) mediante un tratado firmado en Roma, capital del universo católico apostólico y objetivo -aquel lejano 31 de octubre- de las denuncias y la ira que contenían las 95 tesis.

Alguno me recordará que el actual presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijesselbloem, es un católico holandés (socialista, según su pertenencia partidaria). Se me ocurre responder que su país, Holanda (las Provincias Unidas de los Países Bajos, entonces), nació como consecuencia del impulso protestante y de la Reforma. Y en todo caso, quede claro, que Dijesselbloem no  es tampoco santo de mi devoción escéptica.

 

Fin del muro de Berlín y poder protestante

Hay que recordar también  que cancilleres alemanes de la RFA anteriores a la reunificación, como Helmut Kohl o Konrad Adenauer, eran de educación católica y de la CDU, en un tiempo en el que para contrarrestar a los partidos comunistas y a las izquierdas en general se hablaba más que hoy de “la doctrina social” de la Iglesia Católica, con la que los socialdemócratas encontraban puntos de coincidencia.

Eso era en aquellos tiempos de la guerra fría en los que había que mostrar una buena imagen del estado del bienestar europeo frente al bloque soviético. Y en Alemania, al final de la guerra mundial, el aflujo de refugiados procedentes de las regiones orientales del país, tras el hundimiento del régimen nazi, propició que los aliados ayudaran a crear ese partido de la derecha conservadora que es la Unión Cristiano Demócrata. La base de la CDU no era ya exclusivamente católica como había sido la del viejo Zentrum de antes de la guerra, sino un producto de las nuevas circunstancias. Y como sabemos, algún tiempo después de la caída del muro, una hija de pastor luterano se convirtió en canciller. Asimismo, es importante no olvidar que en la RDA, la oposición de última hora al régimen pro-soviético se agrupó en determinadas iglesias luteranas.

Años más tarde, cuando estallaron las burbujas financiera e inmobiliaria en el siglo XXI, y empezó el discurso de ‘las reformas’, ese fondo cultural luterano rebrotó de otro modo. “En la crisis del euro, Angela Merkel fue acusada por los países latinos (católicos) de tener una visión moral de la economía, pero para la mayoría de sus compatriotas Merkel resulta demasiado pragmática. Demasiado protestante para Europa, demasiado poco para Alemania”, escribió Arnaud Parmentier (Le Monde, 9 mayo 2013).

 

Viejos prejuicios y nuevos estereotipos

Entre “los mercados”, el mundo económico, la City de Londres y los alucinados  y avariciosos financieros de Bruselas y Frankfurt, abundan los que manejan con desparpajo una concepción estereotipada de los países mediterráneos. Esos estereotipos convienen a su discurso y a sus intereses. Para esos, se trata sobre todo de un área geográfica en la que -aparte del sol, las playas y sus propias inversiones inmobiliarias- imperan los corruptos y los despilfarradores. También crece en esos jardines una (molesta) contestación social contra los recortes y la austeridad.  Y alguien inventó, no sé si en la City o en Nueva York, el término PIGS (cerdos, en inglés) para mencionar con una sola palabra a ese conjunto de países fracasados y del dispendio: Portugal, Irlanda, Grecia y España (Spain). Porque esos prejuiciosos habituales del norte consideran a españoles y portugueses unos vagos, junto a los griegos (ortodoxos) que son una especie de primos orientales del catolicismo; y a los irlandeses (por católicos),  una especie de mediterráneos del Norte.

Claro que –enfrente- el catolicismo ha considerado históricamente pecaminosas a todas las doctrinas políticas modernizadoras, liberales o socialistas. Porque en los países luteranos o de tradición protestante, el trabajo ejercido cumpliendo las normas morales formó desde el principio parte de la entrega a Dios, que pasó a ser individual y contraria a la jerarquía apostólico-romana. En el credo protestante, el enriquecimiento no fue considerado nunca excesivo, de modo que la idea de aumento de la riqueza mediante el libre comercio fue de la mano de la libertad de conciencia que –según se estima históricamente- impulsaron las 95 tesis.

En su día leí ‘La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber’, donde se sugiere que las concepciones luteranas terminaron influyendo en las formas del comercio y en “la idea de que el cumplimiento del deber en cualquier oficio temporal es la forma más elevada que puede adoptar la actividad moral del hombre”.

Facsimil de las 59 tesis de Lutero
Facsimil de las 59 tesis de Lutero

Protestantismo, arte y fútbol

Asimismo, si pensamos en la evolución del arte y la pintura en el corazón de Europa, en las Provincias Unidas (o los Países Bajos secesionistas de la época), la expulsión de las imágenes de las iglesias protestantes impulsó la adquisición de cuadros destinados a las casas nobles y de la burguesía. Entonces, “las historias bíblicas obtuvieron un puesto relativamente modesto”, escribe Arnold Hauser (‘Historia social de la literatura y el arte’, 1969), “y se prefirió sobre todo representar la vida real y cotidiana; el cuadro de costumbres, el retrato, el paisaje, el bodegón, el cuadro interior y la arquitectura”. No sólo desaparecieron casi todos los motivos religiosos de la pintura holandesa, también los temas mitológicos debido “a la severidad de las costumbres” (José Mª de Azcárate, ‘Historia del Arte’, 1972).

También si pienso en el fútbol, deporte, espectáculo y negocio planetario,  en lugares como Irlanda o el Reino Unido, pero también en Alemania, por ejemplo, muchos equipos siguen teniendo colores o símbolos que recuerdan su origen sectario -protestante o católico- y de algún modo me recuerdan las disputas religiosas europeas que arrancaron de las 95 tesis de Lutero. En algunos casos, como el Celtic Glasgow, no es posible explicar la historia del club sin referirse a su fundación como equipo vinculado a la inmigración y la diáspora irlandesa, a los católicos pobres de origen irlandés instalados en Escocia; en contraposición al Rangers  de Glasgow, equipo que simboliza el poder protestante de Escocia.

Por fortuna, el Celtic ha terminado desmintiendo los estereotipos del poder y ha conseguido seguir siendo popular en muchos lugares, manteniendo su imagen limpia, al contrario que el Rangers protestante que –antes de ser reconstruido por vía judicial- ha sido considerado una sociedad en quiebra, tanto por sus impagos a la hacienda pública como por la corrupción de sus directivos.

Perspectivas de Lutero

De modo que con independencia de los gestos o intercambios de las iglesias, de todos los actos, conferencias y exposiciones que se organicen durante los próximos meses, hay siempre otras perspectivas del acto inicial de protesta en Wittemberg. Y como entre los creyentes, en una u otra iglesia, no faltan nunca quienes quieren hacer rodar la historia hacia atrás, desde aquí invito a revisar el pasado sin prejuicios y con los ojos abiertos.

Lutero, dicen muchos historiadores, no quiso desencadenar ninguna revolución. “Empezó pidiendo una reforma”, ha declarado el obispo católico William Kenney, integrado en una plataforma de diálogo luterano-católico y que acompañará esta semana al Papa Francisco a Suecia, país de tradición luterana.

En todo caso, es cierto que en las 95 tesis hay elementos de crítica de la corrupción, de contestación de la autoridad de la época, la idea de que no debe haber mediadores de la conciencia individual y de que la salvación (aquella, la celestial) depende más de la fe que de todo lo demás. Buena parte de esas ideas son rescatables hoy.

Lutero también se empeñó en utilizar en la escritura impresa el idioma popular, contra el latín sacralizado que utilizaban la burocracia eclesiástica y las élites políticas. La lengua vulgar, y en concreto, el idioma alemán, salieron ganando, desde luego.

En el otro lado de la balanza, y tanto si fue él responsable como si no lo fue, los europeos no debemos olvidar los conflictos sangrientos que siguieron a Wittemberg, la destrucción de monumentos y expresiones culturales, la censura que se reforzó en algunos países, las guerras de religión alimentadas por predicadores, reyes y príncipes de toda clase y condición.

Dijo cosas terribles contra los judíos”, ha declarado el obispo anglicano de Leeds, Nick Baines (The Guardian, 30 octubre 2016) , “cosas que tendrían tremendas consecuencias siglos después. Y no fue lo que diríamos un proto-feminista. Elaboró el concepto de gracia, pero no la ejerció con alguna gente. Fue valiente, pero creo que seguramente fue una pesadilla para quienes estuvieron en su entorno”.

logo_lutherdekadeEn lo que se refiere a la igualdad de género, las iglesias luteranas llevan años de adelanto a la Iglesia Católica, atenazada por sus propios grupos fundamentalistas. ¿Tiene eso que ver con Lutero y sus 95 tesis?

No lo sé, pero será divertido ver cómo -en los próximos días, al visitar Estocolmo-, el Papa Francisco será recibido por Antje Jackelén,  que encabeza la Iglesia luterana de Suecia. Seguramente Lutero, aquel Lutero, furibundo y lanzarrayos se habría sentido en esa ocasión más próximo al Obispo de Roma que a la arzobispa Jackelén.

Desde luego, han corrido muchos ríos de sangre (y de tinta impresa) desde aquel acto de agit-prop llevado a cabo en las puertas de una iglesia de Wittemberg, hace hoy 499 años.

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