Amigos del secesionismo, enemigos de Europa

Publicado originalmente en movimientoeuropeo.org

populismo catalanEl populismo vuelve a amenazar a Europa, esta vez de la mano del independentismo catalán. La UE comenzó a construirse tras la II Guerra Mundial para mantener la paz y luchar contra los nacionalismos que llevaron a los campos de batalla. Los Padres Fundadores buscaron la superación del conflicto con respeto a valores como la libertad, la democracia, la igualdad y el Estado de derecho. Europa teme que Cataluña pueda abrir la caja de Pandora secesionista porque amenazaría su construcción.

Tras la crisis económica surgió el populismo de la mano de partidos euroescépticos, de extrema derecha y ultraizquierda con soluciones simples que prometían sociedades perfectas. El Brexit fue el primer aldabonazo. Un año después, los británicos se arrepienten en las encuestas de aquellos hipotéticos logros con los que fueron engañados por los partidarios del divorcio con Europa. En Holanda, la extrema derecha fue derrotada al igual que en Francia donde el Frente Nacional de Le Pen sucumbió con unos buenos resultados ante el ascenso del europeísta Macron. En Alemania, el Afd se convirtió en la tercera fuerza del Bundestag, tras unos comicios en los que volvió a ganar Merkel después de haber liderado el acogimiento de refugiados en la UE.

Rasgos identitarios y xenófobos

Cuando parecía que las aguas volvían a su cauce, aparece en la esquina este del sur de Europa un problema que estaba latente pero que ha ido in crescendo desde que Artur Mas llegó al poder a finales de 2010 y, sobre todo, dos años después cuando se movilizó el malestar ciudadano en las calles por los recortes sociales. El secesionismo catalán de tintes populistas y alimentado de rasgos identitarios y xenófobos se ha convertido en una nueva amenaza para la UE integradora, que busca superar lo local con respeto al pluralismo y a la diversidad cultural y lingüística. Un movimiento que golpea a valores europeos como el respeto al Estado de Derecho o la cohesión territorial.

La aprobación por el Parlament, a principios de septiembre, de la ley de transitoriedad sin la mayoría de dos tercios de sus diputados destrozó los principios de legalidad y de jerarquía normativa al violar de manera flagrante el Estatuto de Autonomía y la Constitución española. Justo lo contrario de lo que sucede en Europa donde, cuando se usa el método comunitario, las normas se aprueban por mayorías cualificadas y sus resultados suelen ser el fruto de largas negociaciones que dan lugar a leyes casi consensuadas entre los 28. Como muy bien subrayó el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, la fortaleza de la UE se basa en el cumplimiento de las normas jurídicas, en su potencia normativa.

La insolidaridad del “España nos roba”

El independentismo además tiene raíces identitarias como otros populismos europeos, véase el Frente Nacional francés; busca un antagonista, el estado español; y es de una insolidaridad manifiesta como muestra el lema del “España nos roba”, que choca con los valores de la izquierda. En cambio, en la Unión Europea se fomenta la cohesión económica, social y territorial y la solidaridad entre los Estados miembros. Además, se apoya a las Comunidades Autónomas a través de la política regional con los fondos estructurales y de cohesión.

El populismo independentista reniega de la visión pluralista de la sociedad. El uso por parte de los dirigentes separatistas de términos como el de “traidores” o “súbditos” a quienes no comulgan con el secesionismo, las alusiones a “un solo pueblo” del ex president Puigdemont o del entrenador estandarte del separatismo, Pep Guardiola, a que la voz del pueblo es más fuerte que cualquier ley; retrotraen a momentos lamentables de la historia europea. Nada que ver con la Europa que concede la ciudadanía a todo aquel que sea nacional de un Estado miembro y que le otorga la posibilidad de tener derechos políticos o el pasaporte comunitario, entre otras ventajas.

Fronteras y proteccionismo

El levantamiento de nuevas fronteras, el proteccionismo o el corralito que proponía la diputada de la CUP, Eulàlia Reguant, tras la huida de empresas de Cataluña, es contrario al espíritu europeo de la libre circulación o de la Europa que apuesta por el comercio internacional con nuevos tratados.

El derecho a la autodeterminación travestido de derecho a decidir no tiene cabida en una Europa en la que el colonialismo no afecta a Cataluña. Una Comunidad Autónoma en la que se respetan los derechos y libertades fundamentales de sus ciudadanos y en la que el uso ilegal de la fuerza del “Estado opresor”, solo forma parte de ese imaginario secesionista que tan bien ha calado mediante vergonzosas campañas de propaganda y fake news. En cambio, en la UE se respeta la identidad nacional de los Estados y sus funciones como la de garantizar su integridad territorial y el mantenimiento del orden público

Propaganda y fake news

Con todo este cóctel aderezado con emociones, discursos simples, control de medios de comunicación públicos e intoxicación y acoso en las redes sociales; las instituciones europeas no tuvieron más remedio que salir en defensa del Estado de derecho y de la independencia de sistema judicial español. La UE consideró que el problema catalán era un asunto interno de España en el que no debía mediar y tenía que resolverse dentro del orden constitucional.

En cambio, la ultraderecha europea y los euroescépticos se han aliado con la Cataluña secesionista de Puigdemont, Junqueras y la CUP para atacar a la UE. El separatismo ha conseguido el apoyo del líder del Brexit, Nigel Farage, del xenófobo holandés, Geert Wilders, o de los partidos de extrema derecha de Bélgica, Austria, Alemania e Italia. Los enemigos de la UE son los nuevos amigos del independentismo. Un populismo nacionalista que amenaza con despertar a la bicha del secesionismo que tan malos recuerdos trae a Europa.

 

 

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